
Desde que leí su nombre, Eulogia, pensé en mi madre; que ya no viaja, o mejor dicho, su cabeza sí, pero sus huesos, no. Que se apuntó a un curso de diseño por ordenador –después de haber constatado toda feliz que era más fácil escribir en un teclado que con el bolígrafo entre sus manos; manos de lucha. Lo dejó en una semana:
- ¿Para qué voy a seguir? Piensan que porque ya has llegado a los 70 eres cortita. No tengo ganas de hacer diseños de habitaciones o colgar ropa en un tendedero virtual.
La madre, el hijo. ¿por qué no ha sido en esta novela una hija la primera interlocutora de Eulogia? Quizá todo sería más complicado, más “dramático”, rivalidades, recelos. Un papel que desempeña brevemente una nuera – más coherente con la situaciones comunes de la gente.La novela es a ratos muy divertida. La perspectiva irónica de una mujer de 71 años haciendo un curso de escritura creativa, buscando una foto de sí misma interesante, de escritora sosteniéndose la cabeza, no vaya a ser que se le caiga por exceso de melancolía. Una mujer que empieza a olvidar –lo que no es importante y lo que lo es, la mente que se vuelve excesivamente selectiva. ¿Quién es mi hijo? ¿Quién ha estado aquí hace un rato? Difuminado.
Y empieza a recibir visitas que no vienen de fuera, sino de dentro. Cierra la puerta y se sumerge en un mundo propio poblado de conocidos, su hermana Teresa, muerta a los 16 años. Ernesto, su marido, postrado cinco años en una cama, una tortura; al que recuerda había amado, su deseo susurrándole guarradas, excitándolo, hablándole de su polla. Su insoportable hermana Esperanza –presidenta de la Comunidad Autónoma- intragable y desgraciadamente todavía viva.
Eulogia escribe notas que quiere que se repartan por la casa, en cajones, en el frigo, escondidas para luego encontrarlas::“Querida Eulogia. Te vas a enterar. Y bien. Te voy a comer hasta lo que no es comestible. VLM.” Y le gusta el fútbol y es del Betis, claro, manque pierda. No como Esperancita tan céntrica y madridista. ¿O no es del Betis ni le gusta el fútbol? ¿O no tiene gafas? ¿O sí las tiene? ¿Y dónde están? Ah, que las tiene puestas. ¿O ha mandado a Esperanza a la mierda? ¿O acaso no?
Y se repite: “Estos pendientes eran de mi madre, de mi madre, de mi madre...” Porque no es importante olvidar tantas cosas –con gintonic o sin él- , pero olvidar esto, nunca.
- Señora va usted en camisón –me dijo después del sobresalto.
-Sí, ya vuelvo a mi casa. ¿Dónde está mi casa?.
“Es la cabeza la que domina todo (y hablo con la mujer que está frente a mí, reflejada en el espejo). Si me falla la cabeza todo se me va al traste. En el bloc de notas lo apuntaré todo. Esto se llama gintonic y es mi bebida favorita.”
“Si yo pudiera, me embarcaría, haría un crucero, me emborracharía en cubierta y diría inconvenientes durante las comidas, le amargaría la vida a los que tuviera alrededor. -¿Falta mucho para llegar a puerto?” Se repite en voz alta, y la chica de la residencia le contesta que muy poco.
“-Me gustaría invitarte a un gintonic.”
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Autor: Antonio Báez
Colección Cortoletrajes
1ª edición: septiembre, 2011
ISBN: 9788493765972
Talentura libros
8 comentarios:
Interesante reseña.
Se nota que lo has disfrutado.
Besicos muchos.
Me ha gustado el comentario de la profesora sobre 'La memoria del gintonic'.
Se advierte que la ha saboreado.
Antonio S.
Pues sí, me lo he pasado estupendamente leyéndola :)
Besos
Su anterior libro de relatos, 'Mucha suerte', también estaba muy bien.
Sí, también lo tengo. :)
http://corrientesdeaguayazahar.blogspot.com/2008/11/mucha-suerte.html
Esa es la entrada que escribí sobre otro libro de Antonio, Mucha suerte, el 8 de noviembre de 2008. Años ya de lecturas.
Besos
Interesantísimo y muy ágil. Me gusta. Besos, querida amiga.
Isa, gracias
Disfruta de tus actividades y serenidad :)
Besos
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